TEMPORADA DE ESCORPIO: No hay mediación posible, solo transformación

La energía de Escorpio

Al observar cómo las energías del zodiaco encajan —o no— dentro de nuestra sociedad, llegamos a Escorpio, un signo que incomoda. Su intensidad y su vínculo con aquello que preferimos no mirar —muerte, deseo, poder— la vuelven una fuerza que asusta y, por eso mismo, suele ser malentendida y reducida a estereotipos de venganza o manipulación.

Escorpio da miedo, pero también seduce, porque nos enfrenta con lo que hemos aprendido a negar. Es el octavo signo, y en su símbolo —que evoca el infinito— está su esencia: lo cíclico, vida y muerte entretejidas. Si en Cáncer se gestó la vida excluyendo lo que amenazaba esa fragilidad inicial, en Escorpio llega el momento de reencontrarse con lo que quedó afuera. Todo lo que la consciencia llamó "oscuro" regresa aquí, exigiendo ser reconocido. Es el instante en que la consciencia que fue protegida se encuentra con aquello de lo que fue protegida. Por eso Escorpio vive los opuestos más profundos: vida/muerte, control/entrega, poder/vulnerabilidad.

Todo viaje escorpiano implica comprender que los opuestos —lo luminoso y lo oscuro, lo interno y lo externo— son una misma corriente que entreteje la vida. Es difícil, porque la aparición de lo desconocido se siente como la muerte de lo conocido. Por eso en Escorpio surge la amenaza, y se le reconoce como un signo que sospecha de todo.

Esto hace de Escorpio una energía intensa y, para muchos, problemática. En los signos anteriores —la protección de Cáncer, la identidad de Leo, el control de Virgo, el balance de Libra— existían formas de negociar con la vida y mantener cierta distancia. Pero Escorpio se enfrenta directamente a la muerte, la destrucción, lo incontrolable. No hay mediación posible, solo fusión y transformación. Allí donde hay dolor, Escorpio va a liberarlo, es el signo que sabe quedarse en el dolor lo suficiente para que se alivie. De aquí su inmenso potencial de sanación. Escorpio es el ave fénix.

Ilustración por: Adela Dore

Los tránsitos de la temporada

La temporada de Escorpio comenzó el 22 de octubre, coincidiendo con el retorno de Neptuno retrógrado a Piscis. Este regreso a las aguas piscianas —después de iniciar su paso por Aries en marzo— tiñe la temporada con una energía profundamente emocional y acuática.

Este retrógrado tiene un peso especial, ya que marca la transición entre Piscis y Aries. Su vuelta a Piscis invita a escuchar lo que aún murmura bajo las aguas —promesas inconclusas, sueños que resisten, evasiones que interrumpen— y a rescatar saberes y prácticas espirituales que han resistido en el fondo del tiempo. Estamos ante el inicio de un nuevo ciclo neptuniano.

Cuando el Sol entró en Escorpio, también estaban allí la Luna (seguridad emocional), Mercurio (comunicación), Marte (acción) y Lilith (soberanía interna). Esta concentración escorpiana intensifica la necesidad de enfrentar lo que colectivamente preferimos ocultar —traumas, silencios impuestos, historias negadas pero que siguen inscritas en nuestras cuerpas.

Fotografía por: Felix Schmilinsky

El 29 de octubre, Mercurio pasó a Sagitario, abriendo espacio para conversaciones más expansivas. Después de semanas de análisis profundo, la mente busca horizonte. Este es un momento propicio para cuestionar lo que se nos ha enseñado como "verdad universal" y abrirnos a la multiplicidad de historias y saberes, entendiendo que no hay una sola historia, ni una sola forma de conocer.

El 4 de noviembre, Marte también pasa a Sagitario. La acción se vuelve más exploratoria y menos contenida. Hay impulso hacia el movimiento, la aventura, y el defender lo que creemos. Pero cuidado con imponer y con asumir que tu verdad es la única.

La Luna Llena en Tauro sucede el 5 de noviembre, trayendo revelaciones sobre nuestros recursos y relación con la tierra. Tauro nos recuerda que la abundancia no es acumulación, sino conexión con los ciclos naturales. En un sistema que ha extractivizado todo —tierra, cuerpos, saberes—, esta Luna Llena nos pregunta: ¿qué estamos dispuestxs a soltar para volver a un ritmo sostenible?

El 6 de noviembre, Venus pasa de Libra a Escorpio. El amor y las relaciones se vuelven más intensos. Venus en Escorpio no teme la profundidad, busca intimidad real, no performativa. Aquí, amar implica ver al otrx en su totalidad, incluyendo lo que incomoda.

El 7 de noviembre, Urano —retrógrado desde septiembre— vuelve a Tauro y nos invita a revisar qué cambios hubo en nuestra relación con la tierra, el cuerpo y los recursos durante los últimos años. Para nosotrxs, las personas afrodescendientes, esta revisión puede pasar por preguntarnos qué significa hoy habitar la libertad desde nuestros cuerpos.

El 9 de noviembre comienza el último retrógrado de Mercurio del año, en Sagitario. Es momento para revisar creencias y narrativas. ¿Qué historias hemos interiorizado sobre nosotrxs mismxs? El 18 de noviembre, Mercurio retrógrado regresa a Escorpio, profundizando esta revisión. No se trata solo de ideas, sino de cómo esas ideas han moldeado nuestra forma de habitar nuestros cuerpos, nuestros deseos y el mundo.

El 11 de noviembre, Júpiter —que atraviesa Cáncer— se une a la cadena de retrógrados, invitándonos a revisar las raíces de nuestra fe, los vínculos que nos sostienen, las formas en que hemos aprendido a cuidar y a ser cuidadxs, y si el refugio que construimos para protegernos sigue siendo fértil. Nos recuerda que la expansión también puede suceder hacia adentro, en la ternura, el perdón, el reconocimiento de nuestras necesidades.

La temporada culmina con la Luna Nueva en Escorpio el 20 de noviembre, un punto de cruce entre lo que fuimos y lo que estamos llamadxs a ser. No es momento de negar, sino de sentir, de permitirnos atravesar lo incómodo y lo doloroso, de no resistirnos al deseo ni a lo placentero, de habitar el peso y la profundidad de cada emoción. Se trata de dejar de negar nuestro poder, de reconocerlo y redirigirlo hacia nuestras intenciones más honestas.

Fotografía por:  Jeremy Snell from his series "Boys of Volta"

Voces escorpianas

Ahora veamos cómo la energía escorpiana se manifiesta en ciertas personalidades. Victoria Santa Cruz, compositora, coreógrafa y poeta afroperuana con Sol y Júpiter en Escorpio, abre su libro Ritmo, el eterno organizador con esta frase que captura perfectamente su esencia: "Todo se está continuamente haciendo, transformando. En este devenir, hay un ritmo... El Ritmo tiene la capacidad de establecer una relación entre fuerzas opuestas... La unidad está conformada de dos polos: activo y pasivo. Esta polaridad provoca la tensión rítmica justa, deviniendo los opuestos, al transformarse, en un determinado nivel de unidad."

Aquí vemos la transformación como fuerza vital, el orden naciendo del desorden, los opuestos fusionándose para crear nuevas formas de existencia. Esa visión cíclica y alquímica del cambio encarna el espíritu de Escorpio, de como la vida se renueva cuando se atraviesa la tensión y la oscuridad que permiten el renacimiento.

Ahora sigamos con el poeta, narrador y ensayista jamaiquino Kei Miller —con Sol, Mercurio, Venus, Marte y Urano en Escorpio—, un tesoro que descubrí hace pocos años a través de su libro Las cosas que me he callado. En este libro de ensayos podemos ver claramente su impronta escorpiana, en la forma en que nos envuelve y nos arrastra con él por las calles de Kenia y Etiopía, el carnaval en Jamaica o la carretera en Trinidad y Tobago; pero, sobre todo, en cómo nos introduce al territorio del silencio, a lo que callamos.

Miller explora cómo esos silencios se entrelazan con la raza, el género, la clase, la sexualidad y la pertenencia, y lo hace partiendo de sus propios silencios. Muestra la tensión entre lo que se dice y lo que se calla, considerando este gesto un acto de fe, un volver a confiar en las palabras. Ese tránsito —de la desconfianza a la confianza— como proceso de transformación, es profundamente escorpiano.

Cierro con una imagen del videoarte Mal De Ojo | Point B of The Door of No Return de Yelaine Rodríguez, artista multidisciplinaria dominicana con Sol en Escorpio. La pieza explora el otro lado de la Puerta del No Retorno. En Santo Domingo existe una puerta homónima entre el Alcázar de Colón y el barrio La Negreta (donde se mantenía y subastaba a las personas africanas esclavizadas). Esta puerta fue el primer punto de llegada al Nuevo Mundo para numerosas personas africanas esclavizadas desde principios del siglo XVI, cuando esta estructura —erigida con mano de obra esclavizada— fue construida. La artista visibiliza este sitio histórico cuya memoria ha sido silenciada. 

Mal De Ojo | Point B of The Door of No Return de Yelaine Rodríguez 

La pieza fue realizada en colaboración con Yaissa Jiménez —escritora dominicana con ascendente en Escorpio—, quien recita su poema "Azabache". Comparto aquí un fragmento “En el punto del no retorno el alma de mi familia y las familias de mis familias me hicieron un camino de sal en el tiempo y sudaron un mar de dolor para que yo nunca volviera a estar de rodillas ante la mala fe”.

Ambas nos recuerdan que Escorpio no teme mirar el dolor del pasado. Sabe entrar en él y permanecer el tiempo necesario para transformarlo y regenerarse, como un acto de soberanía espiritual.

Otras personalidades escorpianas son Chinua Achebe, Oyeronke Oyewumi, Catherine Achonolu, Afua Cooper, Frank Ocean, Tracee Ellis Ross, Colin Kaepernick, Ángela Nzambi. ¿En quién piensas tú cuando piensas en Escorpio?

Reseña por Astrofractal 

 

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