Dalia Drake: estilismo, identidad y diáspora afrolatina desde Nueva York

El año pasado decidí venir a Nueva York por una temporada. Para probar, para vivir, para cumplir un sueño que tengo desde que pisé por primera vez esta ciudad en 2007. También vine a conectar con otras identidades, otras formas de habitar el mundo y sobre todo, con otros artistas y creadores.

En el verano, gracias a las Musas, conocí a Dalia Drake. Fue imposible pasarla por alto. Tiene una presencia magnética, de esas que no se explican. Llegó con unas botas verdes, trenzas impecables y una risa imposible de ignorar.

Al conversar con ella y conocer su trabajo como estilista, entendí que había algo más profundo ahí. Su práctica no se queda en la imagen: construye narrativa, identidad y visión. Su herencia cubana y su vida en Uptown dialogan constantemente, dando forma a un intercambio cooltural que se sostiene desde la hermandad ancestral. Y eso se siente en todo lo que hace.

Hoy comparto su historia. La de una creativa afrolatina que, como muchas de nosotras, también llegó a esta ciudad para cumplir sus sueños.

Naciste en Cuba y hoy vives en Nueva York. ¿Cómo ha influido ese recorrido entre islas y ciudades en tu forma de entender la moda y la identidad?

Definitivamente, mi forma de entender la moda y la identidad nace de mi esencia y de los lugares que me han formado. Vengo de una abuela que era diseñadora en Cuba, de un Texas que me enseñó a apreciar lo vintage, de un Atlanta que me dio conciencia de mi carta afroamericana y el valor de la cultura negra, y finalmente de Nueva York, donde todas esas esencias se unen y se elevan a través del lujo y la visión de una nueva energía afrocubana.

¿Cómo comenzó tu relación con el styling y la consultoría de imagen? ¿Recuerdas el primer proyecto o momento que te hizo sentir que este era tu camino?

Mi relación con la moda fue un poco trágica, muy a lo cubano. Yo estaba enfocada en ser tenista profesional, pero algo cambió cuando conocí la cultura afroamericana, especialmente su mundo de la moda. Fue ahí cuando me pregunté: ¿quién viste a esta gente en las alfombras rojas?, ¿la disquera? Y apareció la palabra stylist. Desde entonces, todo ha sido un proceso de crecimiento: entender qué más puedo aportar a la industria como afro latina y cómo elevar mi creatividad más allá del solo vestir.

Tu trabajo tiene una sensibilidad muy propia, en la que se mezclan lo afrocaribeño, lo urbano y lo contemporáneo. ¿Cómo definirías tu estética y de dónde nace esa mezcla?

Me río cuando me preguntan esto porque por mucho tiempo ni yo misma me entendía. Hoy le debo gran parte de mi esencia en la moda y de mi estilo personal a muchas influencias: Rihanna, Celia Cruz, Ivy Queen, Chanel (la mujer), la estética del tenis, mi padre  (que me enseñó sobre fit y tailoring) y mi madre, que siempre me recordó los
toques de feminidad. Le debo mi llamada estética tanto a todo lo que me formó como a esos espacios de estatus que nunca me vieron ni me incluyeron. Pero que creció en mí un estilo multidimensional

Desde Afrohunting entendemos la moda como una herramienta política y cultural. ¿Qué representa para ti el acto de vestir o de crear una imagen desde esa mirada?

Significa “galleta, sin mano”, como decimos en Cuba: resistencia. No hace falta una forma verbal; que hable la moda. Que diga por qué soy quien soy: mis principios, mis conceptos, mi humanidad.

Más que representarme hoy como estilista cubana, me preocupa ser una voz creativa de toda una isla que no puede vivir de su arte. Entender que no puedo ejercer mi carrera en Cuba me impulsa a trabajar para el futuro, para mil generaciones después de mí, para que tengan herramientas creativas y de negocio, para salir adelante y construir una comunidad que sostenga un verdadero mundo de moda cubana.

Has trabajado con artistas y creadoras que amamos como Yendry y J. Noa.
¿Cómo se construye esa confianza creativa entre tú y tus clientes?

Para mí, el trabajo con el cliente es revelar su mejor versión: esa donde su esencia más íntima se refleja en su estilo bajo la sombrilla de su personalidad. Me interesa entender quién es esa versión elevada de la persona y cómo se vestiría para conectar de forma real con miles, desde un punto en común y honesto.

Siempre parto de los códigos que ya existen en su identidad y construyó un plan claro donde yo funciono como guía para ayudarle a expresarlos con intención modistica.

La afrolatinidad esta muy presente en ti ¿Qué símbolos, referencias o memorias culturales te acompañan cada vez que trabajas en un nuevo proyecto?

Me enfoco en presentar una nueva versión de la mujer afrolatina: multidimensional y consciente. Trabajo desde un aché ancestral, con la certeza de que la moda vive en mi sangre y de que la cultura cubana es profundamente rica en identidad artística. También es importante para mí reconocer que lo afroamericano merece representación dentro de la cultura afrolatina, por todo lo que ha guiado y construido, y crear imágenes donde la mujer afrocentrada sienta el compromiso de expresar su verdad.

Sabemos que antes estabas muy metida en el mundo del deporte del tenis. ¿Qué te apasiona fuera de la moda? ¿Hay hobbies, rutinas o rituales que alimenten tu creatividad?

En mí vive una niña muy curiosa que muchas veces cansa a mi adulta con sus hobbies, rutinas y rituales creativos. A ella le apasiona romper espacios y alimentarse de todo tipo de riquezas que la hagan más intelectual y, al mismo tiempo, más consciente de las múltiples vidas que existen. El tenis y la moda le han dado a la Dalia adulta la oportunidad de descubrir que disfruta un buen paladar, los viajes espirituales, ser coleccionista de arte y soñar con fundaciones para animales en extinción. El otro día alguien me dijo: “eres una tastemaker”, y por primera vez sentí que mi vida realmente va hacia ese
destino.

¿Quiénes son tus artistas o referentes favoritos, dentro y fuera del mundo de la moda?

Mi egocentrismo no me deja idolatrar a nadie, pero sí tengo inspiraciones de mucha gente por distintas razones. No confundo al artista con la persona. Si hablas de negocios, la Dalia responde como Mark Cuban o Jay-Z. Si hablas de moda, responde como Rihanna con June Ambrose. Si es de tenis, ahí me pongo en modo Serena o Venus. Y si es cultura e ícono, sigo el ejemplo de Celia Cruz.


 

¿Qué significa para ti el concepto de “ser cool” y cómo se relaciona con tu
experiencia como mujer afrocaribeña en la diáspora?

Déjame calmarme... Vengo de un padre que siempre me dijo que ser negra, mujer e inmigrante en este país era una de mis virtudes. Virtudes, sí: la virtud de saber que ser cool puede venir de la herencia, de la esencia y de la personalidad. He vivido tantas culturas en tan poco tiempo y siempre encuentro en ellas la negritud. Es reconocer lo que no tengo que ser; mi negritud siempre ha sido “cool” y se trasciende de muchas maneras.

Muchas sueñan con un trabajo como el tuyo. Si pudieras dejar un mensaje para las nuevas generaciones de creativas afrocaribeñas, ¿cuál sería?

Aprende a ser master de tu creatividad y del negocio que la rodea. Hablo de conocer de punto A a la Z lo que significa tu trabajo en tu industria y cómo puede expandirse a otras. “Yo no me doy por vencido” es la canción. Si eres el único haciendo algo único, recuerda que más allá de tus logros personales, lo importante es dejar un impacto en la sociedad.

Y hablando de canciones... escucha la playlist con el sabor de Delia Drake aquí.

Entrevista a Dalia Drake por Leticia Sánchez Garris

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