Este artículo forma parte de field notes from the diaspora, una serie publicada en el Substack personal de Le*. Un espacio donde escribe sobre los cruces entre arte, memoria, identidad y vida cotidiana, desde su mirada como artista, migrante y mujer afrolatina que habita entre ciudades y estaciones.
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Es mi primera vez en Nueva York en estas fechas: cuando todo se tiñe de marrón y naranja, huele a pumpkin pie, canela y cardamomo, y cuando pasear a afri puede darme un susto entre esqueletos, tumbas y telarañas. Es Halloween season, Scorpio season, Día de los Muertos season. Como escorpiana, estoy en mi salsa. Y debo admitir que el verano en Nueva York ya me tenía un poco harta , no puedo volver a escuchar la version de Bad Bunny por un buen rato.
Nunca había vivido esta fascinación colectiva por Halloween. En República Dominicana no existe nada parecido: no hay calles llenas de decoraciones, ni una invasión de calabazas, ni mucho menos gente regalando dulces y ni con disfraces. Aunque Halloween es hoy una celebración global, impulsada por Hollywood, la publicidad y hasta la moda, es la primera vez que estoy completamente sumergida en ella. Y hace unos dias me di cuenta que en realidad no se nada de Halloween.
Buscando en este mundo del internet leí que según sus orígenes celtas, viene de una celebración llamada Samhain (se pronuncia "sow-in"), que se realizaba hace más de 2,000 años en lo que hoy es Irlanda, Escocia y el Reino Unido. Marcaba el fin del verano y el comienzo del invierno: una época asociada con la muerte y el renacimiento. Los celtas creían que en la noche del 31 de octubre, el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía más finito, permitiendo a los espíritus visitar la Tierra.

Con el tiempo, el cristianismo intentó reemplazar las celebraciones esta y muchisimas otras celebraciones paganas: el 1 de noviembre se estableció como el Día de Todos los Santos (All Hallows' Day) y la noche anterior pasó a llamarse All Hallows' Eve - que luego se convirtió en Halloween. Más tarde, inmigrantes irlandeses y escoceses trajeron estas costumbres a América del Norte, donde se mezclaron con otras tradiciones europeas y el contexto urbano moderno. Las fogatas se transformaron en linternas de calabaza (jack-o'-lanterns), las ofrendas a los espíritus en dulces para los niños (trick or treat), y los rituales colectivos en puras fiestas y desfiles.
Pero si bajamos un poco en el mapa y miramos hacia Latinoamérica, la historia es otra. Antes de la colonización, los pueblos mayas, zapotecas y purépechas ya celebraban rituales dedicados a sus ancestros: ceremonias ligadas a la cosecha, al ciclo del maíz y a la continuidad entre la vida y la muerte. Cuando el calendario católico fue impuesto, esas celebraciones se sincronizaron con el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).

Así, el ritual ancestral sobrevivió disfrazado de cristiano, pero conservando su esencia: honrar a quienes ya partieron. Suena al mismo sincretismo que vemos en otras partes del mundo afrodescendiente: donde los orishas se cruzan con los santos católicos, donde Oshun es la Virgen de la Caridad del Cobre, y Mami Wata se convierte en Santa Marta la Dominadora.
Aunque el Día de los Muertos tiene raíces mesoamericanas, su lógica espiritual tiene mucho en común con las tradiciones africanas que sobreviven en la diáspora. En muchas de ellas, los muertos no se van: permanecen como guías y protectores. Y los rituales, la música, la comida o el color funcionan como puentes espirituales. Lo que en México son altares con flores y pan de muerto, en el Caribe o en Brasil los encuentras con frutas, flores y comida compartida.
Todo parte de una cosmovisión no lineal, donde la vida y la muerte se entrelazan . Un principio común en la espiritualidad con origenes en africa y la indígena americana. Lo que en el norte se transformó en Halloween (más comercial y desconectado de su origen), en el sur sigue siendo un acto espiritual.

Me sigue pareciendo curioso cómo en el norte se celebra con alegría la idea de la muerte en Halloween, pero cuando se trata de espiritualidades africanas o afrodescendientes, se las juzga o malinterpreta. Al final ambas prácticas, tanto el Día de los Muertos como los muchas de las comovisiones de Africa, hablan del mismo gesto: honrar la vida a través de la muerte, reconocer el linaje y mantener el vínculo con los que vinieron antes.
Pero don't get me wrong , no es que soy anti-Halloween! Ustedes saben que no soy anti nada, y menos si es una oportunidad para celebrar, crear o compartir. Hoy, Halloween también es creatividad, es fantasía y juego. Es una excusa para salir con tus amigxs a celebrar esta vida, para crear algo nuevo, para pimpear tu casa por un ratico.

Yo seguro que no me disfrace, ni decore mi casa, pero lo tomaré como excusa para pasear en el barrio y observar a sus fieles, los que llenan sus escaleras de calabazas super extrañas, los que se preparan tremendo personaje como disfraz. Seguro me como algo de candy esta noche tambien! porque si no no hay trick or treat.