Frantz Fanon en el cine: descolonizar la mente y la estética desde Sudamérica

A veces pienso que vivir en Sudamérica es vivir en un territorio que el mundo todavía mira como “periferia”, incluso cuando no lo dice. El problema no es solo como nos miran desde afuera, sino como terminamos mirándonos a través de esos mismos ojos. Ahí es donde Frantz Fanon se vuelve incómodo y necesario, porque él decía que el colonialismo no te conquista sólo con armas: te conquista por dentro, en la forma en que te imaginás, en lo que deseás, en lo que creés que vale. Siento que esa maquinaria sigue funcionando, pero camuflada. No la vemos, pero la usamos. No la cuestionamos, pero la seguimos al pie de la letra. 


Lo pienso, por ejemplo, cada vez que llega el verano y veo campañas de moda hechas para un clima que no existe acá. Por que seguimos vistiendonos como si vivieramos en un calendario europeo? Por que nuestra estética cotidiana no alcanza para ser considerada “moda”? Fanon hablaría del deseo colonizado: ese impulso de mirar hacia afuera para decidir como queremos vernos, incluso cuando ese afuera no tiene nada que ver con nuestras vidas concretas.

La misma lógica aparece en redes, donde los filtros se encargan de “pulirnos” hacia un ideal que no es inocente: rasgos europeos, piel más clara, nariz más fina… Hoy la máscara blanca que describía Fanon no necesita maquillaje, viene incorporada en la cámara. Nos convertimos en versiones digitales de un estándar que históricamente nos excluyó, y lo más fuerte es que lo hacemos de forma automática, sin pensar.

También lo veo en el arte y la cultura: ese gesto casi reflejo de que algo “vale” cuando lo reconocen en París o en Berlín. Hasta que uno no “triunfa afuera”, nadie le presta atención. Necesitamos que la validación viaje miles de kilómetros para sentir que lo que hacemos tiene peso. 

Después está la salud mental, donde Fanon, como psiquiatra, se adelantó a su tiempo de una manera impresionante. El veía que los síntomas no nacen en el vacío, nacen en condiciones de vida que duelen, que oprimen y que silencian. Sin nombrarlo, ya hablaba de como la precariedad, el racismo, la violencia policial o el simple cansancio de sobrevivir afectan el cuerpo y la mente.

Hoy, cuando la psiquiatría muchas veces intenta universalizar diagnósticos como si la vida en Oslo y en Buenos Aires fueran la misma cosa, la perspectiva fanoniana se vuelve urgente. No podemos pensar la mente sin pensar la historia, el barrio, la desigualdad. No se puede medicar todo lo que en realidad es una herida social. 


Decolonizar la mirada, entonces, no es un acto letárgico ni un manual de instrucciones, es algo más íntimo y cotidiano. Es prestar atención a cuando dejamos de elegir y empezamos a imitar. Es notar cuando un filtro te hace sentir que tu cara debería ser otra. Es preguntarte si realmente querés esa tendencia europea o si simplemente aprendiste que “lo bueno” siempre viene de afuera. Es empezar a reconocer que nuestras estéticas, nuestras texturas, nuestros ritmos y nuestras formas de vivir también valen, y no sólo cuando son aprobadas por alguien de afuera. 


Fanon decía que la liberación empieza cuando uno deja de mirar el mundo con ojos prestados, y quizá de eso se trate hoy: de atrevernos a mirar desde acá, sin pedir permiso, sin esperar validación externa, sin disfrazarnos para encajar en un relato que jamás nos incluyó del todo.

Al final, decolonizar no es romper con el mundo, es dejar de rompernos a nosotros mismos para encajar en él.

Es recuperar la posibilidad de un deseo propio. 
Es volver a mirarnos sin filtros. Ni coloniales, ni digitales. 
Es simplemente vivir desde donde estamos, y desde quienes somos.

Fanon: Hier, Aujourd’hui —
disponible vía Vimeo On Demand.

Frantz Fanon: Black Skin, White Mask — disponible en tubi, en Amazon o en AppleTV

Concerning Violence — disponible en dailymotion


 

Reseña por Miol

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